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En el tiempo de Freud se creía que los sueños eran “los guardianes del reposo”. Uno soñaba para no despertarse. Cuando se daba una perturbación cerca del durmiente, el cerebro fabricaba un sueño que evitaba que el individuo se despertara. Freud creía que los sueños entretejían los ruidos y los estímulos externos para crear una historia que salvaguardara el reposo de la persona. Durante muchos años, esta teoría persistió, incluso después del descubrimiento del sueño REM. Un grifo que gotea, el sonido de una sirena o del despertador, la necesidad de orinar o un estomago lleno se consideraban factores principales en la formación de los sueños e incluso en el comienzo del sueño REM. Pero, con el tiempo, esta teoría fue refutada puesto que en experimentos de laboratorio se demostró que el periodo REM y por tanto soñar, viene determinado por un proceso bioquímico de naturaleza circadiana (cíclico) y no se origina por influencia externa. Un sueño puede incorporar un estimulo perturbador a su trama, pero no puede ser iniciado por este estimulo. En otras palabras, los sueños no son ocurrencias instantáneas sino bien planeadas. La experiencia del sueño puede variar mucho entre un soñador y otro. Par algunos, las acciones en un sueño sigue una secuencia lógica, mientras que para otros los sueños son irracionales e ilógicos. Algunas personas pueden soñar a voluntad y otras pueden volver a soñar lo que empezaron la noche anterior. Nos despertamos del sueño con una sensación de equilibrio y claridad. Esa es la razón por la que las algunas personas les gustan “consultar con la almohada” sus problemas. Para que entendamos la voz del inconsciente tenemos que familiarizarnos con el lenguaje que habla. Este lenguaje es simbólico. El Simbolismo de los sueños puede interpretarse desde un punto de vista causal o final. |

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